Marettimo en verano ofrece innumerables posibilidades para los amantes del mar y de la naturaleza virgen, cuya quietud está asegurada por la prácticamente inexistencia de carreteras asfaltadas y de medios de locomoción motorizados.
La mejor manera de disfrutar de la belleza de la isla es dejándose guiar por los marineros locales, que son capaces de llevar con toda amabilidad y seguridad a los turistas en busca de los lugares más encantadores y de las calas más exclusivas de la isla.
La gruta del Camello, el acantilado del Castillo de Punta Troia, la gruta del Trueno, cala Blanca, la gruta Perciata y la del Belén, punta Libeccio, punta Bassana, y otras muchas más convierten a Marettimo en única en su género entre las islas mediterráneas; desbordante de exuberante vida submarina ya desde la orilla.
Los amantes del buceo en mar abierto no pueden dejar escapar una inmersión en el banco Talbot o en el banco Skerki.
Marettimo ofrece también la posibilidad de un tranquilo baño a los que simplemente desean reposar al sol rodeados del silencio y de la inmensidad del mar, con sus aguas cristalinas y su temperatura ideal.
Verde incluso en pleno verano, Marettimo ofrece al visitante no sólo una costa incomparable sino también un interior excepcional.
Senderos perfectamente cuidados permiten a los excursionistas apreciar panoramas inolvidables, con vistas impresionantes de las laderas de la isla, dentro del marco de las otras dos islas del archipiélago de las Egades, Favignana y Levanzo.
Los fuertes aromas del mar y del matorral mediterráneo acompañarán a los excursionistas más activos hasta la cumbre del monte Halcón, a 686 metros sobre el nivel del mar; el punto más elevado de la isla.